PARROQUIA SANTA MARIA DE LA ESTRELLA 
Declarada Bien de Interés Cultural - Coria del Río (Sevilla)


BUENOS DÍAS NOS DE EL SEÑOR. SEAN BUENOS Y SANTOS. 

LECTURAS: LUNES, XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO  

SANTA MARÍA MAGDALENA

Primera Lectura
Cant 3, 1-4a.

Encontré al amor de mi alma.

Lectura del libro del Cantar de los cantares.

ESTO dice la esposa:
«En mi lecho, por la noche,
buscaba al amor de mi alma;
lo buscaba, y no lo encontraba.
“Me levantaré y rondaré por la ciudad,
por las calles y las plazas,
buscaré al amor de mi alma”.
Lo busqué y no lo encontré.
Me encontraron los centinelas
que hacen la ronda por la ciudad.
“Habéis visto al amor de mi alma?”.
En cuanto los hube pasado,
encontré al amor de mi alma».
Palabra de Dios.


PRIMERA LECTURA (opción 2)
2 Cor 5, 14-17
Ahora ya no conocemos a Cristo según la carne
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios.


HERMANOS:
Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.
Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.
Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.
Palabra de Dios.

Salmo Responsorial
al 62.

R. : Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

 Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.   R/.
 
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabaran mis labios.   R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabaran jubilosos.   R/.


Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.   R/.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya. 
«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada».
Aleluya, aleluya, aleluya.


Evangelio
Jn 20, 1. 11-18.

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabbuní! », que significa: «¡Maestro! ».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor.

Lecturas del día

Primera Lectura
Cant 3,1-4a.

Encontré al amor de mi alma.

Lectura del libro del Cantar de los cantares.

ESTO dice la esposa:
«En mi lecho, por la noche,
buscaba al amor de mi alma;
lo buscaba, y no lo encontraba.
“Me levantaré y rondaré por la ciudad,
     por las calles y las plazas,
     buscaré al amor de mi alma”.
Lo busqué y no lo encontré.
Me encontraron los centinelas
     que hacen la ronda por la ciudad.
“Habéis visto al amor de mi alma?”.
En cuanto los hube pasado,
     encontré al amor de mi alma».
Palabra de Dios.


PRIMERA LECTURA (opción 2)
2 Cor 5, 14-17
Ahora ya no conocemos a Cristo según la carne 
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
HERMANOS:
Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.
Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.
Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.
Palabra de Dios.


Salmo Responsorial
Sal 62.

R. : Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.   R/.
 
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabaran mis labios.   R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabaran jubilosos.   R/.


Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.   R/.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya. 
«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada». 
Aleluya, aleluya, aleluya. 



Evangelio
Jn 20,1-2.11-18.

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quien buscas?

  Lectura del santo Evangelio según san Juan.EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabbuní! », que significa: «¡Maestro! ».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.


Hay realidades que nos acompañan durante todo el año, pero no siempre se perciben igual; en determinados momentos se hacen especialmente visibles, aunque estén siempre ahí. Algo de eso pasa con los santos, con aquellos hermanos y hermanas que han recorrido ya el camino de la fe y, tras hacer suyo el Evangelio, comparten la gloria del Padre. Siempre están ahí, caminando a nuestro lado y velando por nosotros, aunque haya fechas del año en que tomemos conciencia de su presencia de un modo singular.

En este año litúrgico 2019 esta semana (la decimosexta del tiempo ordinario) se presenta llena de santos y además (¡que me perdonen otros!) de santos de primera. Nuestra lectura continua de la Palabra se va a ver interrumpida, y hasta quizá algún día oigamos proclamar lecturas que no esperamos, pero la incomodidad merece la pena. Este Año de la Fe es una buena ocasión para profundizar en el lugar de los santos en nuestra vida. Una lectura afectuosa de la constitución Lumen gentium puede ayudarnos: en estos discípulos del Señor el Padre nos  revela su rostro y muestra caminos seguros que llevan a él. Nosotros, peregrinos, podemos acogernos a su intercesión, protección y socorro. Si la presencia del Espíritu nos garantiza que nunca caminamos solos, la cercanía de los santos lo confirma claramente. La Eucaristía es, además, el lugar por excelencia para que, junto a María, nos encontremos con ellos.

Y para iniciar la semana nuestra primera compañera es ni más ni menos María Magdalena, llamada apóstol de los apóstoles. Las dos lecturas de la eucaristía insisten en el amor; el Cantar de los Cantares resalta sobre todo la búsqueda apasionada de la que dan fe el salmo y el texto evangélico. También las oraciones de la liturgia nos invitan a fijarnos en la “gran ofrenda de amor” de “la que se entregó a Jesús para siempre”: María, contágianos tu amor por Jesús. Enséñanos a buscarle sin desfallecer, a no dejar jamás de anunciarle y de transmitir la alegría que Él siembra entre nosotros. Magdalena, ayúdanos a no despreciar nunca a nadie. Y mucho menos a los que parecen amar con exceso. Mi bendición a todos, Antonio Santos Moreno Pbro.